Bajo el resguardo de una sombra permanente del jardín de los encantos, Juan, meditativo, buscaba poder encajar en su nueva vida; muchas veces se preguntaba si valia la pena tanta espera, los ejercicios, las pruebas, la lectura, la meditación, todo aquello le gustaba, pero le incomodaba de cierta forma, aún era muy joven para tanto claustro y se sentía impaciente, sabía que era difícil llegar a ser un buscador, pero,... por qué él? que lo hacía tan especial, que los dioses habían decidido marcarlo para siempre sobre el regazo de los tiempos.
Era tarde en el barrio, el sol se había consumido sobre la ciudad de las bestias, solo los perros deambulaban por las callejuelas fetidas de basura, llenas de tierras huérfanas en asfalto; con el frío calándole el alma y con el hambre consumiendole hasta la desesperación, Juan no tenía otra alternativa que sobrevivir como fuese. Era una sombra alargada y tímida que se colaba por el callejón oscuro perdido de la mano de dios, donde los escombros y la basura son los recuerdos inservibles de quienes lo tienen todo; alguien debía de haberse perdido en estos parajes de muerte, desolados de vida; pero no había ninguna alternativa, Juan cogió una piedra y la alzo sobre sus hombros, esperó el momento oportuno para descargar su furia hambrienta sobre su víctima, solo unos pasos más y le podría arrancar de cuajo el dinero que le ayudaría a calmar el dolor de sus entrañas, podía sentir su respiración, los ojos se le salian de las orbitas, tenía miedo, mucho miedo, pero el frío del hambre opacaba aquel terror que parecía un insignificante pelo de la cola, Juan sin pensarlo más se arrojó con todas sus fuerzas sobre aquella sombra, era un hombre, bastante pequeño, de pelo blanquecino, llevaba un bastón de bambú, y su ropas eran más bien arapos,el anciano alzó la cabeza, miró a Juan con una calma que atrapaba el universo en un instante, Juan se detuvo ante semejante panoráma, una lágrima de prepotencia mojo su mejilla seca por el frío, me morire de hambre, pensó, y la piedra cayó cansada sobre la tierra.
Recordando el pasado me dijo aquella voz que calmaba los espiritus, recuerdos, si los recuerdos, contestó Juan aún sin abrir los ojos, sintió que el viento del atardecer hacia acto de presencia, los aromas de una nueva noche caía sobre el jardín, es la hora, dijo el maestro, hoy será tu primer día y has de estar preparado, si maestro dijo Juan con con seguridad en sus palabras. Aquel sería el inicio de un nuevo comienzo.
viernes, junio 02, 2006
EL BUSCADOR
Bajo el resguardo de una sombra permanente del jardín de los encantos, Juan, meditativo, buscaba poder encajar en su nueva vida; muchas veces se preguntaba si valia la pena tanta espera, los ejercicios, las pruebas, la lectura, la meditación, todo aquello le gustaba, pero le incomodaba de cierta forma, aún era muy joven para tanto claustro y se sentía impaciente, sabía que era difícil llegar a ser un buscador, pero,... por qué él? que lo hacía tan especial, que los dioses habían decidido marcarlo para siempre sobre el regazo de los tiempos.
Era tarde en el barrio, el sol se había consumido sobre la ciudad de las bestias, solo los perros deambulaban por las callejuelas fetidas de basura, llenas de tierras huérfanas en asfalto; con el frío calándole el alma y con el hambre consumiendole hasta la desesperación, Juan no tenía otra alternativa que sobrevivir como fuese. Era una sombra alargada y tímida que se colaba por el callejón oscuro perdido de la mano de dios, donde los escombros y la basura son los recuerdos inservibles de quienes lo tienen todo; alguien debía de haberse perdido en estos parajes de muerte, desolados de vida; pero no había ninguna alternativa, Juan cogió una piedra y la alzo sobre sus hombros, esperó el momento oportuno para descargar su furia hambrienta sobre su víctima, solo unos pasos más y le podría arrancar de cuajo el dinero que le ayudaría a calmar el dolor de sus entrañas, podía sentir su respiración, los ojos se le salian de las orbitas, tenía miedo, mucho miedo, pero el frío del hambre opacaba aquel terror que parecía un insignificante pelo de la cola, Juan sin pensarlo más se arrojó con todas sus fuerzas sobre aquella sombra, era un hombre, bastante pequeño, de pelo blanquecino, llevaba un bastón de bambú, y su ropas eran más bien arapos,el anciano alzó la cabeza, miró a Juan con una calma que atrapaba el universo en un instante, Juan se detuvo ante semejante panoráma, una lágrima de prepotencia mojo su mejilla seca por el frío, me morire de hambre, pensó, y la piedra cayó cansada sobre la tierra.
Recordando el pasado me dijo aquella voz que calmaba los espiritus, recuerdos, si los recuerdos, contestó Juan aún sin abrir los ojos, sintió que el viento del atardecer hacia acto de presencia, los aromas de una nueva noche caía sobre el jardín, es la hora, dijo el maestro, hoy será tu primer día y has de estar preparado, si maestro dijo Juan con con seguridad en sus palabras. Aquel sería el inicio de un nuevo comienzo.
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